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26.10.2016

Los beneficios y la importancia de los hábitos. Inteligencia Emocional.

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Soy consciente de la existencia de un cierto escepticismo hacia estas actividades que sirven para expresar a otros – de manera correcta – nuestras emociones, y que llamamos Inteligencia Emocional (IE). Comprendo que a muchos pueden sonarles a poco creíbles, y sin embargo cada vez más se imponen en el mundo de los negocios, la educación y las relaciones personales. Si descubrimos sus beneficios, seguro que nos comienzan a interesar.

El concepto de Inteligencia Emocional (IE) se usa por primera vez en algunos textos en 1964, pero no es hasta 1995 cuando se popularizó de la mano de Daniel Goleman. No entraré en una disertación sobre la IE, pero si mencionaré, de forma interrogante y participativa, algunas de sus bondades dentro del espacio empresarial o de los negocios.

Si bien no existe método – actualmente – para medir el grado de esta inteligencia, como ocurre con el Coeficiente Intelectual, si se pueden regular las respuestas emocionales para obtener una mayor competencia, y esto comienza a ser muy apreciado en el mundo laboral y empresarial. Obviaremos tratar, en este artículo, las diferencias y relaciones entre competencia emocional y competencias cognitivas para no aburrir con tecnicismos al lector.

Imaginemos los siguientes casos:

a) ¿Cómo sería nuestro trabajo si fuésemos capaces de visualizar lo positivo que nos rodea? ¿Somos capaces, diariamente de reconocer nuestras capacidades y la de nuestros colaboradores?

b) Como empresario, como autónomo, como responsable de un departamento o de nuestras propias tareas, o como comercial ¿inspiramos confianza a los demás, somos abiertos hacia los demás? ¿Qué pasaría si inspirásemos más confianza a nuestro entorno?  

c) ¿Somos capaces de asumir los errores, aprender de ellos y mirar con optimismo hacia el futuro?, ¿o nos quedamos anclados en los errores y en el pasado? ¿Cómo sería la relación con nuestro entorno profesional si fuésemos más positivos?

d) ¿Decimos “sí” cuando queremos decir “no”?, ¿nos expresamos de forma impulsiva o pensamos antes de hablar? ¿Somos asertivos?

e) ¿Nos conformamos con la vida que llevamos o procuramos entornos divertidos, felices, atractivos?, ¿compartimos con los demás? 

f) ¿Estamos dispuestos a crecer, a ser independientes?, ¿estamos abiertos a nuevas ideas, somos críticos? Imaginemos nuestro entorno en un continuo aprendizaje lleno de retos, ¿qué beneficios nos ofrece?

g) ¿Somos capaces invertir el miedo, la tristeza o el enojo?, ¿y de manejar y celebrar el afecto, la alegría o el éxito?

Estos hábitos son los más demandados y los que más se evalúan, en cuanto a IE, en las relaciones laborales, entre colaboradores, en el trato entre empresas; en definitiva, en las relaciones humanas. 

Y por último:

¿Cómo serían nuestros resultados si supiésemos optimizar nuestra capacidad de trabajar en equipo?, ¿y si aumentásemos nuestra capacidad de participar y deliberar conviviendo con todos en un ambiente armónico? 

¿Y si fuésemos capaces de tolerar las frustraciones y presiones en el trabajo?

Hoy en día se habla mucho del liderazgo. ¿Lideramos nuestra propia vida?, ¿tenemos conciencia de nuestras emociones y como éstas nos influyen en el día a día?, ¿y en nuestros resultados?

Manuel Jigato Rubio
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mjigato - 00:52:56 | Agregar un comentario